jueves, 14 de octubre de 2010

Democracia en México: ¿Gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo?

No queda claro para la mayoría de los mexicanos, cómo es que viviendo en una república representativa y democrática por mandato de la Constitución Federal promulgada en 1917, se debate frecuentemente, si nuestra democracia es real y sirve al pueblo, si está en un proceso de transición a partir del año 2000, o si es prácticamente, letra muerta.

Este debate cobra fuerza en el marco del otorgamiento del Premio Nobel de Literatura 2010 a Mario Vargas Llosa, quien apenas hace 20 años, definió al sistema hegemónico del PRI como “la dictadura perfecta”.

Hoy, con un IFE ciudadano, con partidos políticos cuestionados y una clase política demeritada a los ojos de un gran sector de la comunidad, con el PRI hegemónico fuera de la Presidencia de la República y con alternancia en algunos estados, nos seguimos preguntando si nuestra democracia funciona y si ha sido útil para los mexicanos.

Ante la falta de una ruta clara al progreso de la sociedad, existe incluso la tentación de volver al régimen recién superado, buscando dejar de lado el desencanto y dudas que nos ha generado nuestra democracia.

Por tratarse de una cuestión medular, propongo reflexionar sobre la democracia mexicana y sus frutos, en dos vertientes:


Democracia Electoral.

Implica en palabras de Abraham Lincoln “el gobierno del pueblo, por el pueblo” y se le reconocen, partiendo del régimen hegemónico del priato, avances y hasta cierto punto, efectividad.

Hoy, los mexicanos votamos, más o menos libremente, en elecciones ciudadanas y los votos se cuentan y deciden.
Pese a ello, en esta materia electoral existen todavía lastres no superados: el abstencionismo, la compra de voluntades, la ausencia de una oferta electoral seria y clara, la violación sistemática de la ley electoral, la falta de transparencia en la procedencia y monto de los gastos de campaña, la violencia electoral, entre otros. Por esto, popularmente se le llama “democracia electorera”.


Democracia en el ejercicio de gobierno o representación popular.

La democracia referida a “el gobierno para el pueblo”, que ejercen en nuestro nombre quienes resultan electos con el voto y que en teoría debería consistir en concretar la voluntad general en acciones de bien común, es en la que encontramos los mayores rezagos e insatisfacciones.

Un alcalde, gobernador, diputado federal, senador e incluso Presidente de la República, una vez que llega a su cargo, lo ejerce en gran medida, olvidando a sus electores: incumpliendo promesas, obedeciendo a intereses personales, partidistas o incluso de poderes fácticos. Se escucha popularmente: “votamos por ellos y luego gobiernan como virreyes”.
Podemos decir que, mientras en la democracia electoral ejercemos nuestra libertad mediante el voto, esa libertad la perdemos en el ejercicio del poder, al no poder controlar a nuestros “representantes”, sintiéndonos por momentos sus rehenes.


¿Cómo hacer para que la democracia funcione mejor y sea apreciada por los ciudadanos?

1.- Impulsando una sociedad libre y sobre todo tolerante de la diversidad; con un estado de derecho eficaz, que promueva la justicia, la igualdad de oportunidades e impida los abusos de poderosos.

2.- Fortaleciendo la presencia de la sociedad civil representada por asociaciones, sindicatos, clubes deportivos, entre otros, que incidan en la toma de decisiones de las autoridades y en la rendición de cuentas, motivando la participación y educación cívica. Ello, posibilita una mayor representación democrática.

3.- Generando un sistema de partidos fuerte, con planteamientos claros en sus programas políticos, que representen y formen opinión pública y recojan demandas ciudadanas para convertirlas en propuestas; todo, en el contexto de una doctrina.

Que promuevan su democracia interna, permitiendo las corrientes críticas al interior para evitar las tentaciones de imposiciones partidistas que desfiguran después, la oferta democrática al ciudadano.

Un sistema con partidos que no cedan ideología y postulados claros, por asegurar el poder, ya que éste es el escenario que propicia el caudillaje y rechazo de los ciudadanos, con los riesgos que ello implica.

4.- Promoviendo el voto libre y la responsabilidad del ciudadano en él, que evite la simple aritmética electoral para acceder al poder y que está asociada con los vicios arriba comentados.

5.- Con medios informativos cercanos a las realidades de las diversas manifestaciones de la comunidad, distinguiéndose entre ellos, los que ahora se ofrecen por medio de “la red” que tienen una vocación natural a esa democracia por su fácil acceso.

No es tarea sencilla, pero sin duda el camino sigue siendo fortalecer la democracia; ésta, la que puede ofrecer resultados al pueblo que la ejerce.

http://impreso.milenio.com/node/8847904

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