lunes, 4 de julio de 2011

¿Cómo construir Ciudadanía? (II)

En la primera parte de esta colaboración les compartí mi percepción del crecimiento que ha tenido entre los mexicanos y analistas políticos, el tema de la democracia y la necesidad de pasar de la democracia formal –en su vertiente electoral- a la democracia plena, efectiva o de fondo, en la que los gobernados, son el centro y fin de las acciones de gobierno.

Puntualizamos que es presupuesto de esa democracia efectiva, el estado de derecho; es decir, la vigencia de reglas que premien la legalidad, sancionen incumplimientos o violaciones y permitan un sano desarrollo del individuo y el ejercicio de sus libertades.

Recordamos también que México, requiere de la aprobación de reformas estructurales para ello y que éstas serán una realidad en la medida en que, como sociedad, sigamos exigiéndolas e impulsándolas.

En este “círculo virtuoso” que se plantea, de participación ciudadana para mejorar nuestro sistema político, su eficacia y el estado de derecho, la pieza fundamental resulta ser el ciudadano.

Por ello, estoy convencida de que, si en México se lograra tener una mayoría de ciudadanos que vencieran su individualismo, adoptara un sentido de responsabilidad con su comunidad, mejorara su cultura cívica, se comprometiera con el combate a la corrupción y la exigencia en la rendición de cuentas, se preparara e informara, sin duda, avanzaríamos con mayor velocidad y eficacia hacia el país seguro, estable, competitivo, justo y solidario que todos queremos.

Estimo que el primer paso para ello, será reconocer que no hemos hecho lo suficiente como ciudadanos; que no conocemos bien a bien los problemas que padecemos y muchas de las veces, no tenemos propuestas que plantear o soluciones concretas que exigir para la solución de éstos; que debemos dejar de repartir culpas ajenas y por el contrario, tenemos que asumir la responsabilidad personal, como miembros de esta nación, en la construcción de su bien, del bien de cada una de nuestras comunidades y del bien de cada una de nuestras familias.

Si estamos indignados, por ejemplo, con el saqueo y desvío de recursos públicos por parte de gobernantes, me pregunto: ¿cuántos ciudadanos ya se dieron a la tarea de supervisar a su alcalde?; ¿cuántos ciudadanos conocen el monto anual del presupuesto municipal?; ¿cuántos ciudadanos verifican el cumplimiento del plan municipal de desarrollo?; ¿cuántos ciudadanos acceden a la información pública que por ley está a su disposición?, ¿cuántos ciudadanos opinan de manera sustentada sobre estos temas para generar corrientes de opinión pública indispensables en una democracia?, etc.

Si en la colonia donde vivimos, conocemos mejor que nadie la problemática existente porque la observamos cotidianamente, me pregunto: ¿Cuántos ciudadanos gestionan ante la autoridad municipal, estatal o federal, las obras o acciones que se requieren para su solución?

Por ello, si el punto clave para mejorar a nuestro país, es mejorar como ciudadanos, tendremos que buscar alternativas para informarnos, prepararnos y organizarnos.

¿Por dónde empezar a construir ciudadanía, a ser un mejor ciudadano y a participar?

No hay una respuesta sencilla, pero creo que la gestión del bien común y la exigencia en la rendición de cuentas, son los dos caminos más cercanos y accesibles a todo ciudadano para iniciar su participación y mejorar nuestro entorno, para lo cual deberá aprender “sobre la marcha”, a dominar el ejercicio de derechos fundamentales de que goza, como el derecho de petición o el derecho a la información.

Por tal motivo, en las siguientes colaboraciones, abundaré sobre estas dos herramientas que propongo para la participación ciudadana y sobre la forma de ejercer los derechos de petición y de acceso a la información.

En Tampico, por ejemplo, hemos sufrido en varias ocasiones las consecuencias de administraciones municipales nefastas, que han incumplido sus deberes y que nos han llevado a situaciones muy graves y evidentes de desvío de recursos, falta de resultados e ingobernabilidad. Sin restar responsabilidad a quienes encabezaron esas gestiones gubernamentales, debemos reconocer que se ha hecho muy poco desde el ámbito ciudadano para evitar estas experiencias.

Cabe aquí aplicar el dicho popular que reza: “más vale tarde que nunca” ¿no lo crees?

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