La Virgen de Guadalupe es una de las advocaciones marianas más veneradas en el mundo; existen en su honor santuarios e iglesias por doquier.
En México la Morenita apareció en el año 1531 donde quiso permanecer, por ello a lo largo y ancho del país encontramos espacios con su imagen tanto en el seno familiar, en centros de trabajo, en las calles, capillas, iglesias y desde luego en su casa, la gran Basílica de Guadalupe en el Distrito Federal, que es el segundo templo católico más visitado del mundo tan sólo después de la Basílica de San Pedro en Roma.
En el mundo, encontramos su imagen en los más diversos y alejados lugares.
En Asia, entre otros sitios en la Isla de Guam a unos 24 mil kilómetros de distancia de nuestro país; en Makati, Filipinas, donde se le venera desde el año 1604; y, en Taipei, Taiwán.
En Estados Unidos en grandes santuarios o pequeñas capillas, por ejemplo en Nueva York en la famosa Catedral de San Patricio, Wisconsin u Ohio (donde se encuentra una estatua guadalupana de 15 metros de altura). También en Johnstown, Canadá.
En Sudamérica tiene presencia en Guatemala, Costa Rica, Puerto Rico, Perú, Venezuela, Colombia, Argentina, Chile, entre otros países.
En Europa se le rinde tributo en la famosa Catedral de Notre-Dame en París, en Biarritz y en Lourdes que es el santuario mariano más visitado de Francia; en la iglesia Votiva de Viena en Austria y en la Parroquia de Nuestra Señora de Guadalupe de Madrid en España.
En Italia, en las Grutas Vaticanas que es uno de los lugares más sagrados para los católicos, mantienen una capilla en su honor localizada entre la tumba de San Pedro (primer Papa) y la Juan Pablo II. Otras célebres iglesias romanas le rinden culto como la Basílica de San Nicola in Carcere, la Parroquia de Nuestra Señora de Guadalupe en la colina más alta de Roma, Monte Mario y la Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe y San Felipe Mártir sobre la Vía Aurelia Nuova, en la cual la primera piedra para su edificación fue llevada desde la Colina del Tepeyac.
Esta indiscutible presencia mundial deriva de la ferviente devoción que en todo el orbe se le ha entregado y de lo que existen innumerables ejemplos a lo largo de 479 años.
Uno de ellos, lo conocimos en diciembre de 2008 cuando la política colombiana Ingrid Betancourt visitó la Basílica de Guadalupe en México para agradecer a la Virgen Morena el haber estado presente para lograr su liberación después de más de 6 años de cautiverio en la selva a manos de las FARC.
Recientemente se televisó a los familiares de los 33 mineros atrapados en las profundidades de la tierra en Chile, sosteniendo imágenes de nuestra Virgen de Guadalupe previo a su rescate ocurrido en octubre pasado.
Vale la pena recordar lo que de acuerdo a la tradición guadalupana, la Virgen del Tepeyac dijo a Juan Diego en su primera aparición: “Deseo vivamente que se me erija aquí un templo, para en él mostrar y dar todo mi amor, compasión, auxilio y defensa, pues yo soy vuestra piadosa madre, a ti, a todos vosotros juntos los moradores de esta tierra y a los demás amadores míos que me invoquen y en mi confíen; oír allí sus lamentos y remediar todas sus miserias, penas y dolores”.
En su segunda aparición, cuando Juan Diego dice a la Virgen que el señor Obispo no dio por cierta dicha petición expresada por su mediación, ella insiste: “Oye, hijo mío el más pequeño, ten entendido que son muchos mis servidores y mensajeros a quienes puedo encargar que lleven mi mensaje y hagan mi voluntad; pero es de todo punto preciso que tú mismo solicites y ayudes y que con tu mediación se cumpla mi voluntad”.
Ante la grave crisis social que padecemos, que por su complejidad y circunstancias nos rebasa a la comunidad entera, creo que es un buen momento para que confiados en las promesas de nuestra Morenita del Tepeyac, que ha traspasado en el tiempo fronteras, razas y estratos sociales, la invoquemos en nuestras penas y temores, conociendo el gran amor que nos tiene, sin olvidar lo que ella misma ordenó a Juan Diego, que es preciso que cada uno de nosotros pongamos nuestro esfuerzo, grande o pequeño, para lograr la paz y el entorno sano que anhelamos para nuestro país.
Por último dejo aquí las consoladoras palabras que la Morenita dijo a Juan Diego:
“No temas, ¿No estoy yo aquí?, ¿No soy tu Madre?, ¿No estás bajo mi sombra?, ¿No soy yo tu salud?, ¿No estás por ventura en mi regazo?”.
http://impreso.milenio.com/node/8880059
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