El recién electo Presidente Nacional del PRI, Humberto Moreira, todavía no toma posesión de su cargo y ya acaparó esta semana que concluye, y con natural habilidad, espacios importantes en los medios informativos nacionales haciendo diversas declaraciones en contra del Gobierno Federal panista que encabeza Felipe Calderón, siendo algunas de ellas bastante socarronas.
Sus declaraciones han ido desde calificarlo de tener una actitud “cortoplacista” y carente de “voluntad para construir acuerdos”; criticarlo por el aumento de la pobreza en México y porque hay millones de jóvenes que no van a la escuela; hasta llamar al gabinete presidencial como “nini”, que “ni saben ni pueden”.
Sin duda, la libertad de expresión no puede censurarse en una democracia como la que afortunadamente hemos ido construyendo en México; sin embargo, los ciudadanos no debemos confundir el respeto de esas libertades, con el análisis de fondo de nuestra realidad nacional a que estamos obligados para ligarla con la herramienta más potente que tenemos para transformarla: la política.
Tiene razón Moreira al señalar como algunos de los grandes problemas del país a la falta de acuerdos, a la pobreza, al déficit educativo; incluso, debe respetarse su opinión sobre la capacidad y desempeño de los integrantes del gabinete federal.
No obstante, el Presidente electo del PRI nacional no debería pasar por alto nuestra sensibilidad para percibir la pertinencia de su tono combativo y por momentos burlón, cuando como sociedad estamos padeciendo los serios problemas a los que se ha referido y otros de mayor gravedad.
Tendría en todo caso que advertir, que ante nuestra difícil situación social, más allá de abrazar colores, esperamos de todas las fuerzas políticas profesionalismo, compromiso y resultados.
Tampoco debería desestimar nuestra capacidad como ciudadanos para darnos cuenta de que el PRI que encabezará, puede y está obligado desde el punto de vista ético, no sólo a hacer un diagnóstico de la problemática del país, certero o no, sino también a proponer desde su trinchera soluciones y sobre todo a mostrar en los hechos “la voluntad” para concretarlas.
Tan sólo en el tema de reformas legislativas, donde por cierto el PRI de Moreira tiene mayoría en la Cámara de Diputados, se encuentran pendientes de discutir, construir y aprobar las reformas fiscal de gran calado, de competitividad, política (reelección de alcaldes y legisladores, disminución del número de diputados y senadores, candidaturas ciudadanas, entre otras), laboral, educativa, energética de mayor profundidad, de Telecomunicaciones y en materia de seguridad.
¿No debería Moreira comprometer a su partido con los mexicanos a cambiar buena parte de los lastres de los que habla, con esa mayoría de representantes que tiene en la Cámara baja y mediante el impulso de las reformas apuntadas?
¿No debería dolerle más que la incompetencia o no del gobierno federal panista, las graves afectaciones sociales que sufrimos en México y en cuya solución puede claramente contribuir el partido político que representa?
¿No debería al mismo tiempo de evaluar, con razón o no, al gobierno federal de Calderón, verificar la eficacia de los gobiernos estatales que encabeza su partido, en muchos de los cuales incluso tiene un dominio de los Congresos locales?
Como tamaulipeca le pregunto: ¿ha revisado en nuestro estado siempre gobernado por su partido, lo que critica del gobierno federal, por ejemplo, la calidad y resultados de los programas educativos, de combate a la pobreza con acciones aquí implementadas como el reparto de despensas, la preparación y perfiles de funcionarios, la eficacia y transparencia en el ejercicio de los recursos públicos o el enorme endeudamiento gubernamental?
O no lo ha hecho o pretende hacer política de circo en momentos tan dolorosos como los que lamentablemente vivimos.
No señor Moreira, los mexicanos ya no somos los mismos; estamos cambiando y por desgracia, a golpe de decepciones y sufrimiento.
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