lunes, 2 de abril de 2012

La violencia contra las mujeres

Por increíble que parezca, los organismos internacionales han tenido que luchar contra una falta de aceptación en los hechos, más allá de los discursos y declaraciones, que toda mujer –como cualquier ser humano- tiene derecho a la igualdad, seguridad, libertad, integridad y dignidad; estos derechos incluyen, desde luego, el derecho a vivir libres de violencia.

En su gestión como Secretario General de las Naciones Unidas (1997-2006), Kofi Annan, declaró atinadamente que "La violencia contra la mujer es quizás la más vergonzosa violación de los derechos humanos. No conoce límites geográficos, culturales o de riquezas. Mientras continúe, no podremos afirmar que hemos realmente avanzado hacia la igualdad, el desarrollo y la paz."

Históricamente, la violencia contra la mujer constituye una manifestación de relaciones de poder desiguales entre el hombre y la mujer, derivadas de la condición natural de la mujer y de los roles sociales que derivan de esta, que han conducido a su dominación y a su discriminación, siendo la violencia contra la mujer uno de los principales mecanismos para mantenerla forzadamente en una situación de subordinación respecto del hombre.

Algunos grupos de mujeres son más vulnerables frente a la violencia, como las mujeres indígenas, las refugiadas, las mujeres migrantes, las mujeres que habitan en comunidades rurales, las mujeres indigentes, las mujeres recluidas en instituciones o detenidas, las niñas, las mujeres con discapacidades, las ancianas y las mujeres en situaciones de conflicto armado.

Este flagelo adopta hasta hoy, diversas formas en todo el orbe: la violencia en el hogar; las violaciones; la trata de mujeres y niñas; la prostitución forzada; los feminicidios; la violencia en situaciones de conflicto armado; los asesinatos por razones de honor; la violencia por causa de la dote; el infanticidio femenino y la selección prenatal del sexo del feto en favor de bebés masculinos; la mutilación genital femenina; entre otras.

Frente a todos los esfuerzos internacionales que han permitido por una parte la condena pública y universal de la violencia contra las mujeres y, por otra parte avances significativos sobre el tema, habría que reflexionar sobre los motivos que impiden su efectiva erradicación.

¿Será un tema de falta de sensibilización de la sociedad entera para respetar y hacer respetar los derechos humanos de la mujer? ¿Será ineficacia y debilidad de las políticas públicas en la materia? ¿Será consecuencia de la impunidad que impera en muchas sociedades que impide el acceso a la justicia para que los “derechos reconocidos” sean derechos respetados y que puedan ser realmente ejercidos?

En México, la violencia contra las mujeres persiste por una combinación de los factores antes citados.

Arrastramos aún, la llamada “cultura machista” que hace invisible a los ojos de la sociedad diversas formas de violencia “aceptadas”. En este tema, habrá que seguir insistiendo en rechazar las diversas formas –incluyendo las más sutiles- de violencia contra la mujer.

También deberemos seguir insistiendo en que se condene públicamente en medios de comunicación, redes sociales y por instituciones gubernamentales y organismos de la sociedad, todo tipo de violencia contra la mujer con el fin de formar corrientes de opinión pública que frenen esas prácticas y faciliten su prevención.

En materia de políticas públicas, se lograron avances significativos con la promulgación de la Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia, que busca –con un enfoque integral- la erradicación de la violencia. Sin embargo, esta ley por sí misma no puede garantizar resultados ya que requiere necesariamente de un sistema de justicia efectivo que actualmente no tenemos.

Para ello, algunos especialistas han propuesto ampliar la competencia que establece la ley para incluir a los tribunales familiares; ampliar las medidas de protección y seguridad de las víctimas, hoy insuficientes; armonizar las legislaciones locales y federales; agilizar el proceso judicial; y, sobre todo, fortalecer las redes de apoyo integral a las mujeres víctimas de violencia.

Independientemente de los retos apuntados, en este momento y ante el deterioro social que estamos viviendo, quiero hacer notar el incremento de la violencia contra las mujeres como grupo vulnerable. Sirva este espacio pues, para la reflexión colectiva y, para pedir que en cada uno de nuestros estados y a nivel federal, se redoblen esfuerzos para contener y erradicar lo que el Nobel de la Paz llamó con justa razón “la más vergonzosa violación de los derechos humanos”. ¿No lo crees?

http://www.milenio.com/cdb/doc/impreso/9131296

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