domingo, 10 de abril de 2011

Tiempo de miranos al espejo... (II)

En la actualidad, muchos ciudadanos se preguntan qué se puede hacer para mejorar las cosas en nuestro país y al mismo tiempo, ante el rechazo generalizado que sienten y expresan hacia los partidos políticos y la política formal por la percepción de falta de resultados en temas fundamentales de bien común, actúan “volteándose para otro lado” en asuntos de interés público.

Por ello, en la primera parte de esta colaboración apuntábamos la importancia de mirarnos al espejo y reconocer que no toda la problemática se origina en la corrupción o ineficiencia de gobiernos o partidos, ya que los políticos surgen también de nuestra sociedad.

Allí expuse, basada en un reciente estudio, que el perfil del mexicano de hoy es en realidad muy individualista, dentro de una sociedad fragmentada -sin una visión clara de país- en la que predomina su desconfianza en las instituciones y figuras representativas de nuestra comunidad y que, partiendo del hecho de que los mexicanos consideran como fortalezas de México a su gente y sus recursos naturales y que lo que falta es buen gobierno y unidad, la receta para mejorar parece sencilla: élites que se comprometan y responsabilicen con un buen gobierno y que asuman el reto de mejorar la educación y el uso sustentable de dichos recursos.

Como la realidad nos indica que no hay recetas sencillas, por último lancé la pregunta de ¿cuál sería el plan B de los mexicanos si las élites no dan el paso que se requiere?

Esta pregunta la hice convencida de que será difícil que esas élites, haciendo a un lado sus enormes intereses, cambien las estructuras legales y políticas de este país –que a muchos de ellos han beneficiado- y asuman un verdadero liderazgo transformador que impulse ante quienes gobiernan y ejercen la política formal las acciones que requerimos urgentemente para modernizarnos y crecer.

Si lo que necesita México no es empujado por la vía de la política formal o gubernamental y tampoco por los “liderazgos” de este país, ¿cuáles pueden ser las fórmulas para la sana integración de sociedad y política, ciudadano y gobierno que redunden en la mejoría de nuestras condiciones de vida?

Estoy convencida de que debe ser mediante el fortalecimiento de los ciudadanos y de las organizaciones de la sociedad civil para crear el mejor de los puentes de comunicación e interacción que en democracia deben tener con sus gobiernos: la rendición de cuentas.

La rendición de cuentas favorece el involucramiento directo de los mexicanos en el ejercicio del poder que ahora es rechazado por ineficiencias y corrupciones; nos permite verlo de cerca, conocer lo que realmente pasa en cada tema público de nuestro interés, tener información, elevar nuestros conocimientos cívicos y en resumen, nos compromete a difundir, influir y exigir a quienes nos representan resultados concretos.

La verdadera democracia implica rendición de cuentas: por un lado, la obligación de funcionarios no sólo de informar sobre sus decisiones como actualmente sucede a lo largo y ancho de México –cuando bien nos va- sino de justificarlas en público, es decir, explicar a los ciudadanos, los beneficios que tendrán con ellas y las bases jurídicas, técnicas y sociales que los asisten para tomarlas; y, por otro lado, la capacidad de sancionar a políticos y funcionarios.

La rendición de cuentas es una escuela para los ciudadanos que los lleva poco a poco a superar la apatía, ignorancia, individualismo, a dialogar, a gestionar, a exigir, y todo esto con un incentivo directo: lograr acciones para su bien, evitando los abusos y desviaciones del poder.

Adicionalmente, los acerca a sus representantes, quienes ahora están confortablemente disfrutando de esa ignorancia, apatía, individualismo y rechazo de los ciudadanos, permitiéndoles actuar en total impunidad.
La rendición de cuentas aún tiene bases precarias en nuestro país, pero su ejercicio por parte de los ciudadanos, por sí mismo, la llevará al camino del fortalecimiento legal e institucional.

México es de todos los mexicanos, aunque algunos quieren que aceptemos que nos es así y nos rindamos; México sí es un país privilegiado y rico en recursos naturales y culturales; México tiene a muchos de los hombres más ricos del mundo, pero carece en esas élites de verdaderos líderes; México es una democracia todavía en desarrollo que viene de una cultura de muchos años de autoritarismo, corrupción y complicidades y que además, ha heredado las estructuras y comportamientos que lo permitieron; México tendrá un mejor futuro si persistimos en romper esas estructuras y avanzamos hacia una democracia no sólo electoral, sino eficiente en lo gubernamental e institucional, con ciudadanos despiertos y participativos, de tiempo completo.

Para ello, el mejor camino, la mejor escuela, el mejor puente -cuyos cimientos ya existen en nuestro país- es la rendición de cuentas.

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