En este mismo espacio, la semana pasada, expuse la necesidad de mejorar gobierno y sociedad para aprovechar el potencial natural de México, echando mano para ello, como ciudadanos, de dos herramientas: la gestión –que fue abordada en esa pasada colaboración- y la exigencia en la rendición de cuentas, que ahora trataré.
Ambas herramientas responden al principio de la responsabilidad social, que implica el derecho y el deber de participar en el “bien” de la comunidad por el simple hecho de formar parte de ella; la gestión ciudadana se dirige a mejorar nuestro entorno en forma directa y la exigencia en la rendición de cuentas, busca esa mejora de forma indirecta, evaluando la eficiencia de instituciones y gobiernos.
La exigencia en la rendición de cuentas, puede servir no sólo para influir en el fortalecimiento y eficiencia de las instituciones públicas y gobiernos, sino también para crear un puente, hoy prácticamente inexistente entre sociedad y gobierno; puente de comunicación e interacción cuya existencia es indispensable en toda verdadera democracia.
Así es, la rendición de cuentas favorece el involucramiento directo de los mexicanos en el ejercicio del poder que ahora es rechazado por ineficiencias y corrupciones; nos permite verlo de cerca, conocer lo que realmente pasa en cada tema público de nuestro interés, tener información, elevar nuestros conocimientos cívicos y en resumen, nos compromete a difundir, influir y exigir resultados concretos a quienes nos representan.
La verdadera democracia implica rendición de cuentas: por un lado, la obligación de funcionarios no sólo de informar sobre sus decisiones como actualmente sucede a lo largo y ancho de México –cuando bien nos va- sino de justificarlas en público, es decir, explicar a los ciudadanos, los beneficios que tendrán con ellas y las bases jurídicas, técnicas y sociales que los asisten para tomarlas; y, por otro lado, la capacidad de sancionar a políticos y funcionarios.
La rendición de cuentas es una escuela para los ciudadanos que los lleva poco a poco a superar la apatía, ignorancia, individualismo, a dialogar, a gestionar, a exigir, y todo esto con un incentivo directo: lograr su bien, evitando los abusos y desviaciones del poder.
¿Cómo participar en la exigencia en la rendición de cuentas?
Creo que un primer paso, sencillo para cualquier ciudadano, es acceder a la información pública que por ley debe estar disponible en las páginas web oficiales, para conocer en primer lugar, si se está cumpliendo con la obligación de hacer público sus planes, presupuestos, programas, nómina, estructura orgánica, deuda, etcétera; y, en segundo lugar, para ejercer nuestro carácter de “patrones” de los funcionarios públicos, evaluando su desempeño.
También es posible acceder a información adicional a través de los Institutos de Transparencia federal, estatales o municipales, o bien, directamente ante cualquier autoridad en ejercicio del derecho de petición, formulando una solicitud respetuosa y por escrito.
Como la evaluación gubernamental requiere no sólo de información para analizar, sino de conocimientos especializados, considero que las organizaciones de la sociedad civil, como lo son, organismos camarales, asociaciones de profesionistas e incluso clubes de servicio, deben hacer de la rendición de cuentas, una herramienta para acreditar su compromiso social en el área de su influencia.
Nos aqueja a nivel nacional una impunidad casi total en materia de aplicación de la ley y justicia y no vemos a las barras de abogados asumiendo una responsabilidad abierta y concreta, como evidentemente se requiere, de denuncia y propuesta en el área de su especialidad.
Lo mismo sucede con las Cámaras de la Construcción o Asociaciones de Ingenieros y Arquitectos que podrían tomar un liderazgo y responsabilidad social para la evaluación de la correcta ejecución de los planes de obra pública, calidad, costos, entre otros rubros, los cuales hoy están señalados por enorme corrupción.
En cuanto a las finanzas gubernamentales, los Colegios de Contadores, Ejecutivos de finanzas, Cámaras empresariales y de comerciantes, por mencionar algunos, cuentan con los conocimientos especializados para hacer evaluaciones y hacer denuncias o exigencias concretas sobre el ejercicio presupuestal, nóminas, deuda y demás temas, plagados actualmente, de ineficiencias y desviaciones en el ámbito público.
Es evidente que hay mucho por hacer desde la sociedad civil para mejorar el funcionamiento de las instituciones públicas y gobiernos y, por lo tanto, mejorar nuestro entorno. A pesar de que hoy vemos algunos esfuerzos en este sentido, creo que falta mucha más decisión, unión y, sobre todo, compromiso.
¿No lo crees?
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