En repetidas ocasiones he afirmado que el rechazo que expresan los ciudadanos hacia la política formal y que tiene su origen en conductas vergonzantes e irresponsables, mostradas –cada día con mayor cinismo- por partidos, gobernadores, diputados y muchos otros liderazgos del país, es una reacción entendible, pero quizás la menos conveniente, para revertir la falta de resultados de nuestro sistema democrático.
Este rechazo, ha llevado a algunos analistas a pronosticar que el abstencionismo crecerá en los próximos procesos electorales del año 2012, lo que es previsible si observamos que cada día más ciudadanos prefieren “voltearse para otro lado” cuando se trata de partidos políticos, campañas electorales, informes gubernamentales, etc.
Entonces, resulta que para hacerle frente a los problemas sociales, económicos, de salud, de impunidad, u otros de los que hoy padecemos en México, tenemos por una parte, un sistema político –que toma decisiones en nuestra representación- que está envilecido, mermado en su credibilidad y estancado en cuanto a su eficacia; y, por otra parte, una población de ciudadanos, en general apáticos, que en el mejor de los casos acuden a votar como única forma de participación ciudadana; que están poco o nada informados de los temas públicos y que cada día se alejan más de la política.
Creo que vamos por la ruta equivocada y es necesario por ello, replantearla especialmente, en la parte que nos corresponde como ciudadanos.
Es evidente que, hasta ahora, y pese a la transición democrática marcada en el año 2000, el voto ciudadano y las elecciones organizadas por el IFE, no han sido suficientes para resolver nuestros problemas –algunos muy añejos- y con ello, darle eficacia a nuestra democracia.
Estoy convencida de que la democracia no sólo requiere de elecciones libres y confiables –que no hemos logrado del todo- sino especialmente de ciudadanos que vivan día a día con una cultura democrática: que conozcan sus derechos y que los hagan valer; que participen en las decisiones de sus servidores públicos; que estén bien informados y que exijan resultados debidos a sus instituciones públicas y gobiernos.
Habría que preguntarse: ¿Cuántas horas dedicamos a la semana para descansar, para divertirnos, para practicar algún deporte, para participar en algún culto religioso o en algún club social?
Y, ¿Cuántas horas a la semana dedicamos a la mejora de nuestra ciudad? ¿Al mes? ¿Al año?
Los ciudadanos de hoy, carecemos de cultura democrática debido a que México se desarrolló a partir de un sistema autoritario, y, a la transición marcada en el año 2000 le han faltado alternativas serias y reales, con herramientas asertivas, para insertarnos en una cultura de participación que nos permita influir para mejorar nuestras condiciones de vida.
Partiendo de este diagnóstico, un grupo de ciudadanos, hemos formado una Asociación Civil a la que denominamos “CIUDADANÍA PLENA”, abierta de manera plural a todos los tampiqueños, con la finalidad de ejercer una democracia eficaz en México, sin renunciar a impulsar reformas para lograr mayor empoderamiento ciudadano, pero promoviendo con las actuales herramientas ciudadanas, una sociedad transformadora y solidaria, asumiendo una corresponsabilidad en la construcción del bien común con las administraciones públicas y los poderes del estado, impulsando su fortalecimiento mediante la aplicación de la ley, la gestión y especialmente en la rendición de cuentas.
Para ello, impulsaremos la integración de una red de comités ciudadanos para la gestión en cada una de las colonias de obras de pavimentación, bacheo, alumbrado público, entre otras; así como la formación de un observatorio ciudadano para la evaluación gubernamental, en rubros como calidad de la obra pública, legalidad del endeudamiento público, eficiencia presupuestal, transparencia, licitaciones de obras, auditoría de la obra pública para evitar obras fantasmas, etc.
Brindaremos, por ejemplo, asesoría sobre cómo ejercer los derechos de petición e información y hacerlos efectivos mediante el juicio de amparo y demás instrumentos jurídicos, en caso de omisión de la autoridad, para lograr respuestas en solicitudes de acciones u obras necesarias, como las arriba citadas.
¿No crees que vale la pena pasar de la simple crítica o, peor aún de la apatía, para dedicarle cuando menos una hora a la semana a mejorar Tampico?
Si te animas, esperamos tu visita en nuestro portal www.ciudadaniaplena.mx
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